domingo, 28 de septiembre de 2014

Reflejos III










Fotografías tomadas en casa. Sin manipular. Al picar en ellas se ampliarán.

Hoy no necesité salir a la terraza como cada mañana para ver  si mis flores seguían bonitas, si el mar estaba tan azul como el cielo a pesar de la noche lluviosa, no, no fue necesario.
 Mientras desayunaba oí un silbido, como si el viento arreciara, miré y las cortinas, se movía, pero viento no hacía. De  pronto, frente a mí, entre los cuadros y  el televisor, estaban mis amigas las flores y el mar, irradiando  sus bellos colores, su eterna belleza.
 En otra ocasión habría intentado averiguar como era que en unos minutos la estancia se había llenado de reflejos, no era una estancia lujosa, era sencilla, eso sí, apacible y acogedora, ordenada y limpia de toda contaminación; quizás por eso, y aprovechando los primeros rayos de sol, mis amigas se refugiaron por un rato en mi estancia, hasta que el sol avanzara y les llevara con él en sus rayos.
Seguí desayunado sin poder dejar de mirar tan bella estampa, y recordé a los ambiciosos, a los que se meten en el fango para conseguir poder, vienes, sin saber que esas mismas riquezas les conducirán al abismo. Ellos y ellas, siguen a las sombras que proyectan los vicios, signos que al encontrase, se destruyen como animales, sin que la justicia pare sus sucias   guerras, sin que pueda con sanción, hacer aflorar un solo sentimiento de culpabilidad y arrepentimiento, sino todo lo contrario; como las fieras, sacan las garras y amenazan con devorarse mutuamente.
Vuelvo a mirar para ver si  mis amigas seguían conmigo y en ese momento se disponían a partir.
-Hasta mañana, amigas.
Al quedarme sola, pensé que era muy afortunada. 
María Borrego R.