jueves, 3 de noviembre de 2016

Homenaje al árbol


Mírame, humano. Agonizando estoy lentamente por abandono. El hombre no me vio enfermar, pasaba ante mí, como pasa el aire, sin saber que una suave sacudida, unos simples cuidados al suelo que me sustentaba, bastarían para que este árbol cansado y agredido sanara. Para que los pájaros volvieran a hacer sus nidos en mis ramas, y alegraran con sus trinos la esencia mía.

Aquí no se detiene nadie, nadie me ve, ni deja un verso, ni toma una imagen para recuerdo…como si yo no existiese.

No tiemblan las palabras de emoción al verme, y de tristeza muere la esperanza mía.
Ya no me alegran las amanecidas; cada nuevo sol que sale, quema el diminuto brote que se empeña en no abandonarme, desafiante al mundo astil, peleando por sobrevivir, aferrándose  a mí, buscando en mi calor su abrigo, y danza atemorizado con el soplo de la suave brisa del atardecer que burlón le empuja con brío.

Palpo en mis raíces su dolorosa soledad, la frágil sabia que le intenta alimentar y quiere inútilmente calmar su ansia de ayudarme a revivir. Pero ya es tarde; ya me duele hasta el peso imperceptible del ejercito de hormigas que han ocupado mi vetusto tronco, todo lo veo gris, opaco; todo a mi alrededor dejó de existir, todo es sombra, el olvido ha hecho su morada en mi alrededor, y donde había vida, alegría, cánticos celestiales, hoy solo hay un escollo soportando su indigencia, clamando al hombre misericordia para sus hermanos.

María Borrego R.