domingo, 5 de noviembre de 2017

Frío en el alma





En Frigiliana, donde la luz adquiere preciosos matices en día soleados de primavera y verano, y en esta época, languidece restando belleza a las blancas casas y balcones llenos de flores, aunque he de reconocer, que para mí, es en cualquier estación del año, el pueblo más bonito de Málaga.

Esta tarde, el clima era suave. Octubre se fue, y noviembre ha llegado algo cálido, incluso en los pueblos de interior donde no es habitual estas temperaturas, por ese motivo me extrañó ver a esta mujer afanada en encender un bracero ataviada con ropa de invierno, y  fue suficiente la imagen para adentrarme en su alma y recordar vivencias, -en mi caso bonitas-, aunque también algunas muy tristes.

En esta época oscurece temprano, y en estos pueblos de interior las calles y plazas se ven solitarias, sombrías y frías, dejando un silencio sepulcral, que hace que los recuerdos se cuelen por los poros de la piel de personas mayores que han quedado solas y el frío de las ausencias congele su alma. 

Antonia, protagonista de la foto y relato, esta tarde, debió sentir ese frío y necesitaba el calor del bracero para mitigarlo, sentirse acompañada. Sí, no lo duden; ese cachivache tan pequeño llamado bracero, es capaz de hacer que los bonitos recuerdos, esos que atesoramos a lo largo de toda nuestra vida, acudan a la mente y aminore la tristeza y la soledad que nos invade.

Quizás parezca extraño, pero estas personas llevan arraigadas sus costumbres en lo más profundo de su ser, y ninguna renovación tecnológica puede sustituir a lo que han atesorado toda su vida marcado su existencia, como ese simple bracero de carbón o leña, qué, para quién no lo ha conocido, puede ser poco útil al llegar el frío, pero nada más lejos de la realidad. El bracero, la mesa camilla, y la palmatoria, candil  o vela, han marcado una época difícil de borrar de la memoria de estas personas, ha dado calor al hogar como ningún otro medio de calefacción es capaz de dar.

El calor de una familia sentada alrededor de la mesa camilla, con una buena braza en el bracero, las tertulias que surgían en  las largas noches de invierno, son irreemplazables; ese calorcito humano ya ha desaparecido en la mayoría de los hogares, ni en la actualidad que tantos medios tenemos para entretenernos, como son, televisión, juegos electrónicos, ordenadores y todo lo demás que ya sabemos. Pero claro, esto sólo lo puede saber quién lo ha vivido, quién, a pesar de no tener ni un solo libro para leer,  han escuchado las historias ilustradas y bonitas que los sabios abuelos contaban como nadie.

Por la rugosidad en el rostro y manos de Antonia, se intuye, que no ha debido ser fácil su vida, nada fácil... Mirad cómo se aprecia el sufrimiento en cada pliegue, en su inocente timidez, en su cuerpo rendido a la suerte  perdida ya su fe y esperanza.

Me costó poderla fotografiar, no quería hacerlo sin su permiso cómo otros visitantes hacen, y debió gustar que le preguntase si podía hacerle una foto, porque no puso impedimento, esos sí, con un poco de recelo, supongo por coqueta, decía que no se había peinado bien, así que no posó, no, ella seguía colocando el carbón en el bracero como quién hace una obra de arte. Sin levantar la cabeza, dejaba meticulosamente cada trozo en su sitio, sólo ella sabía el por qué de ese ritual. Yo, con paciencia, mucha paciencia, intenté acercarme a su alma  confiándole las vivencias de mi niñez, las que me había hecho recordar al verla encendiendo el bracero, así que llamé a esa niña pequeña de pelo rizado y curiosa que no me ha abandonado, y empezó a contarle sus travesuras alrededor de la mesa camilla y el bracero. Conforme iba contando, la carita de pocos amigos que Antonia muestra en la foto, se fue suavizando, ya no estaba tan seria, tan escurridiza, ya miraba a mis ojos, cómo si en ellos viese a Caris, esa niña que como siempre digo, nunca me abandona, y que consiguió con sus relatos, que Antonia sonriera  hasta la carcajada, y también consiguió que se despojara por un ratito de la pena que le embargaba. Lo que aconteció en ese intercambio de vivencias será para la segunda parte de este relato.

Un cariñoso beso, amiga Antonia. Espero me recuerdes como te recuerdo yo y volvamos a vernos pronto.

María Borrego R



  

miércoles, 30 de agosto de 2017

Dulce Alma Mía



DULCE ALMA MÍA

Por el campo, despejado y colmado de flores, 
caminabas, alma mía.
Te vi perdida, buscabas la fe que un día muy lejano, 
atrapada quedó en los pliegues del surco que el arado dejó.

Ya ves dulce alma mía, qué fina es la frontera del tiempo,
todo tan lejos, y a la vez tan cerca...
el amor, el olvido, y la dulce espera de lo desconocido.

María Borrego R.


martes, 1 de agosto de 2017

Dos comentarios, dos poemas


El amor, cansado de esperar,
se durmió bajo el cielo estrellado,
y un dolor profundo
se hizo perpetuo.
¿Quién ha roto los símbolos
que aguardaban mis labios?
¿Quién ha bebido el agua
¿Que ansiaba mi boca sedienta?
Quién en la amanecida
cuando el sol apuntaba,
dejó prendido un rayo de luna
 en su almohada?
…Fue mi amor y tu duda
que, jugando a esconderse,
se han ido desvaneciendo 
en la aurora de mil sueños.
María Borrego R.

Si el amor se fecunda
en un jardín de letras, donde
los versos dan su fruto,
es posible que nunca muera.
Es un elixir agridulce
el que dará vida a la sangre
roja del corazón enamorado.
Si tu sangre es de ese color
no puede morir tu amor.

María Borrego R.


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martes, 18 de julio de 2017

Metáfisica



Metafísica

Atenta al objetivo de la cámara, no me percaté de que mi sombra, compañera fiel, fascinada por la belleza del árbol, me abandonó y se ciñó en su tronco. He de apresurarme y volver a conquistarla, temo quedarme sin ella y ser cuerpo etéreo.
María Borrego R



jueves, 6 de abril de 2017

Peregrino, ¿Qué te llama?






CATEDRAL
Santiago de Compostela.
El día era gris, y una fuerza superior
me llamaba a contemplarte.
Ni el frío, lluvia y viento,
que a mi cuerpo azotaban,
pudieron hacerme desistir al intento de
Inmortalizarte para siempre,
para en mi interior más noble, admirarte.
Hay en mi España monumentos
milenarios, pero ninguno
por grandioso y bello
atrae como tu fuerza oculta.
¿Peregrino, quién te llama?
y me respondió sonriendo.
¡Ay malagueña!... eso sólo DIOS lo sabe.
María Borrego. R.

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domingo, 26 de marzo de 2017

Después de la tempestad llega la calma



DESPUÉS DE LA TEMPESTAD...


El éxito que se consigue
 a fuerza de dolor y zancadillas,
se goza mejor; como ocurre en el mar
después de un temporal,
que se queda apacible
y la calma llena de paz y oxigeno
a los corazones que lo contemplan.
Después de una batalla que ha costado
lágrimas y dolor, aunque la sangré 
no brote sino que se congela,
la dicha tiene más sentido.
Tras el rigor más dulce,
 la ilusión...
Un aluvión de puños
se alzan al cielo y claman justicia.
 Silencio…
 Se hace la calma…
y se sueña  un mundo mejor.
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María Borrego R.



martes, 14 de marzo de 2017

Crónica subliminal



DECLAMO CON FE

Aquí estoy, escribiendo  entre bastidores ante la imposibilidad de ver entre la multitud de siluetas inmutables, el escenario donde mora un hombre valiente y honrado, fiel a la palabra dada, leal(Guía frutado) por un  JUEGO impúdico, conducido por piezas de un ajedrez truncado. Torre de Reina. Caballo de Reina. Alfil de Reina. Torre y dama negra… incompleta tabla donde los peones, principales piezas para la transparencia del mismo, no habían sido sacados de su cajón por expreso mandato de los jugadores veteranos. 
Continúo escribiendo, y  escucho el discurso sosegado pero impulsor, frases aplicadas de razón que me hacen buscar un hueco para acercarme un poco más, y ver la figura amable del que ha sido capaz de emprender este difícil camino.
A pesar de la atención que observo, escucho  un incesante  murmullo, hasta podría asegurar que oigo  el tono cardíaco acelerado  de los presentes, miles de personas emocionadas, gozando por el  efecto en el ánimo que ofrece el orador, la clarividencia total sin desgaste de su discurso,  la certeza de ser el único camino  a  la luz que muestre el final del túnel.
Aunque separados, puedo percibir cómo  funciona la onda, los lazos de unión, el rojo de la rosa qué, aunque creían marchita comienza a florecer más vigorosa que nunca, la que en su floración nueva, será, quejío, tiento y resonancia popular  de las cosas infinitas, y la encomiable virtud y  sosiego para las almas que la vida hizo  añicos, y con su perfección y belleza,  se sentirán más arropadas ante el peligro de vendavales devastadores.
Termino esta corta crónica que entenderán muy pocos, que no tendrá apenas unos segundos de atención, en los que creen que hay miles de noticias más importante que tratar en los foros donde se rige el destino del hormiguero, pero yo he sentido la necesidad de anunciar un agradable amanecer con campanas al vuelo por  un éxito evidenciado hoy.

María Borrego R.

jueves, 9 de marzo de 2017

Pena Penita Pena


CUANDO EL AMOR DUELE

Siendo la reina del día,
diosa del mar y del viento.
Escuchando tu lamento
cantado por balería
ahogas el alma mía.
Quisiera saber mi flor
con que regar tu dolor
para verte retozando
y alegremente gozando
con quien quieres por amor.

CARIS. María.

CARIS

sábado, 4 de marzo de 2017

Ternura



 Decidir ir a la playa a última hora, cuando los bañistas que acuden a disfrutar de nuestra playa se van a descansar, es la mejor hora del día; es cuando el sol deja sus últimos destellos y nos permite disfrutar  del precioso paisaje sin temor a que nos dañe la piel, en verano voy a estas horas, por comodidad, y por necesidad, no me gustan las aglomeraciones ni sufrir el calor que en estas fechas es insoportable. 






Cómo un ritual en mi vida, suelo ir  para darme un baño y leer un ratito en el lugar que más me gusta, la orilla del mar, y hoy, mientras esperaba a que se fuesen los últimos rayos del sol reflejados en las rocas, como si fuesen a despedirse de ellas, con destellos de pasión. Por minutos,con la mente en blanco, estuve gozando de esa bella estampa que nos regala el Universo y pocos aprecian.




 Disfrutaba viendo a los pescadores preparándose para salir a la mar a buscarse la vida con sus rudas manos y su rostro envejecido, ignorantes ellos de lo que yo pensaba mientras les miraban, me saludaron con dulce y cálida sonrisa, ni se imaginaban que yo estaba preguntándome, de qué color sería su alma. Blanca, seguro, impoluta, sin duda. Cambié de orientación, y a mis pies, observé, un banco de pececillos que en las aguas cristalinas danzaban felices entre las pequeñas rocas y algas, y disfruté cómo una niña que ve por vez primera dicho espectáculo marino. 

El sol se iba escondiendo, y decidí dar un  paseo observando cada detalle por si podía tomar alguna bonita instantánea; con mi camarilla eso es posible siempre, es muy simple, pero a veces, parece que tiene corazón, ve detalles que yo no veo, y cuando llego a casa y miro las imágenes siempre me sorprende.


Después de tomar un montón de fotos, me senté a leer un ratito y empezaron a llegar aves, palomas que ahora parece que abundan mucho por esta costa Malagueña. 

Leía “Los valles del amanecer”, Un apasionante libro del gran escritor D.Cesar Rodriguez  Docampo, que ha tenido la gentileza de regalarme: Gracias, Cesar; te felicito y lo recomiendo a mis lectores, -nuestros lectores- , por su amena y apasionante lectura, una obra donde la pasión a veces es turbadora.



No he podido avanzar mucho en la lectura, pero lo que he leído me ha cautivado. Solo el principio ya cuenta con un seductor argumento que no puedes dejar de leer.
     
Leía  la página 181, cuando me llamó la atención una escena que bien podríamos llamar de -amor, dominio y valentía-.

En unos minutos, no sé de donde salieron tantas, llegaron unas palomas, las que veis en las imágenes, se acercaron sin miedo, justo donde yo estaba y se disputaban un trozo de pan, restos de comida que alguien habían dejado caer sin preocuparse de recoger al abandonar la arena donde habían permanecido tomando su comida. Un gesto que no muchos tenemos y sí criticamos. Las playas nos gustan limpias.






Observé, cómo un palomo bien nutrido se pavoneaba (Valentón, él)y espantaba con su agresiva conducta a los demás. Alguno más atrevido pudo coger un cachito, siempre con el respeto que le imponía el jefe al que temían, -era a simple vista evidente-, pero había uno muy flaquito que no encontraba la forma de llegar y picotear una sola vez la dichosa migaja de pan. A esa paloma desnutrida, le acompañaba siempre otro un poco más espabilado que no le dejaba moverse.- ¡Será malo y agobiante! - pensaba yo un poco indignada. 



-¡Déjale en paz, pesáo!, le decía  moviendo un poco la mano - me dolía que se acercase tanto, una y otra vez. Llegue a pensar que se trataba de un incesante vapuleo, no entendía el insistente ir y venir que paralizaba cada movimiento de la pobre ave.


Ante el espectáculo, no pude seguir leyendo; estaba asistiendo a una bonita escena de ¿amor, un acoso? Ante la duda, y sin poder hacer nada por la endeblucha ave, decidí seguir leyendo.
                     

Absorta en mi lectura quizás dejaría de mirarles, no era cuestión de perder esos últimos rayos de sol, de luz, observando la conducta de esas aves. -Habrá más días-, me dije, pero al girarme, justo en ese momento de cambiar de posición para relajarme, vi, cómo el
                    

protector, el palomo que yo pensé vapuleaba a la pobre paloma, le daba con su pico el trocito de pan que había podido coger luchando con el palomo dominante. Me quedé impávida ante semejante gesto, ¿de amor?… Sí, eso es amor, no hay duda, y yo, pensando mal.
                              



¡Qué ternura!...Nunca volveré a juzgar la conducta de un ave ni animal alguno. ¡Lo prometo! 


Me relajé un buen rato en la playa solitaria, y agradecí a Dios tanta belleza derramada.


Mañana volveré con algunas semillas para regalarle a la parejita. Se lo merecen.

María Borrego R.
   





miércoles, 18 de enero de 2017

Escucha como brama la vida


Fotos María Borrego R

Silencio, cuanto mudo silencio en este quebranto,
aún así, es propicio, así escuchas conmigo cómo crece la vida.
¿Oyes el susurro del polen, la firme decisión de la semilla 
confortándose en la tierra?
¡Chissttt!... escucha, escucha como absorbe agua, oxigeno, sales minerales, 
cómo chasquea la germinación, como retoña el tallo, su tierno equilibrio, las hebras, los nervios.
Espera, acércate un poco, enjuga tus lágrimas,
y queda atenta/o, porque el sortilegio funciona una vez más.
Como de la nada o del punto kilómetro  cero dirección Málaga ya, el cáliz, empujado por el viento, pronto, temblando, nacerá la  linda flor.
 María Borrego R







EL VIENTO.